Desesperadamente sentía la obligación conmigo misma de hacer esta entrada (tal vez creí que así podría alivianar mi peso, pero ahora me retracto). De todos modos, sin demasiada palabrería quiero que quien la lea, pueda comprender ese sentimiento de angustia que se siente al principio muy diminuto y que va intensificándose muy lentamente hasta tomar por completo la razón y ponerla a merced de él...
Una vez leí en una novela, la cuál me tomo el atrevimiento de decir que fue la única que llegó hasta lo más hondo de mi ser (aunque se sabe que en cuanto a tema libros soy un cero a la izquierda e incluso me pierdo de millones de fantásticas historias), una frase que me quedó retumbando desde ese momento. Si bien entendía el significado perfectamente desde aquél entonces, por algún extraño motivo hoy sentada en la estación esperando el colectivo para (por fin) volver a casa, la recordé. Si les dijera que se me heló la sangre no exageraría.
Ahora bien, cuando la lean podrán comprender que no fue exactamente mi caso, pero quiero que tengan presentes dos cosas:
- el momento exacto en el cual estaba mi razón completamente embrollada (y la desesperación se iba apoderando del poco juicio que me quedaba intacto) y al darme vuelta pude observar que de golpe el cielo se había nublado; y así, por arte de magia, inesperadamente me sentí protegida;
- y el preciso instante en el que sentada en el banco de la estación, no pude contener las lágrimas ya que éstas estaban dispuestas a escaparse de la manera que fuese.
Una vez explicado ésto, antes de copiar la frase y casi despidiéndome por completo, les recomiendo que no escuchen jamás la canción "Dos extraños" de la banda "Rock a la orden" angustiados, completamente desorientados mirando la forma en que caen las gotas desde el cielo; adiós.
"El día del entierro comprendí por qué en las películas los funerales se filman siempre con lluvia. En el cementerio donde lo enterraron los pájaros cantaban, había flores, el césped brillaba. Comprendí que la luz del sol es despiadada, son las sombras las que nos protegen"
Antonio Santa Ana - Los ojos del perro siberiano
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