Te vi sonreír.
Hace un par de días te vi. Frío, desmedido. Te vi sonreír, caminar, huir (de mí). Te vi observarme; porque ambos sabemos que no buscabas con tu mirada a alguien más, que vos sabías perfectamente que yo estaba ahí, y por eso volteabas una y otra vez. Sí, definitivamente intentabas localizarme, para escaparte. No, ni siquiera era eso; ojalá hubiera sido así, pero lamentablemente ese es mi triste consuelo, no la verdad. Me viste, claro que lo hiciste, pero fue un hecho realmente insignificante para vos.
Te vi un par más de veces, claramente ninguna significó nada hasta la última. Si bien ya me habías pedido disculpas en otra ocasión (por cortesía claramente), de esta lo único que la diferenció, fue que te creí mansamente. No te voy a mentir, no la alabé, ni la purifiqué, simplemente la creí. Te parecías tanto a aquél que conocí algún domingo delirante de mi vida; fumabas unos benditos cigarrillos, y me regalabas tu mirada, tus dulces palabras, tus abrazos (hasta algún beso)..., todo me lo regalabas a mí ¿no es cierto? Porque... Decime por favor que no fue otra ilusión, como todas las que te rodean. Decime que eras frío porque estabas con ella, no porque no te importaba yo. Decime que en verdad hubieras preferido quedarte conmigo, que por eso tardabas en irte. Decime que no me ignorás a propósito. Decime que signifiqué algo en tu vida, o lo significo ahora. Decime cualquier cosa que puedas, que te permitas; pero hablame, que tu silencio es mil veces más asesino que aquellas cínicas disculpas.
Aún así, estoy lejos tuyo, y vos de mi corazón.
No hay comentarios:
Publicar un comentario