viernes, 14 de junio de 2013

Dura mañana si se quiere. Es que, para ser sincera, no es para nada agradable despertarse y escuchar cómo te critican; y en verdad es demasiado dañino. Pero bueno, el motivo de ésta entrada es que durante mi enojo descubrí la horrenda (subráyese ésta última palabra) realidad. 
Odio ser tan débil. En verdad, lo que odio, es el hecho de tener tanto miedo cuando se trata del "qué dirán" de mi familia.Todo lo que ellos hacen es juzgar, y olvidarse. Pero lamentablemente ser juzgada no es fácil de superar, y mucho menos de olvidar. No me malinterpreten, yo también juzgo (y de hecho creo que todos lo hacemos, no es un justificativo, lo juro) pero ellos lo hacen de un modo más cruel. Siquiera sé si piensan antes de hablar o de actuar, porque las cosas que hacen me lastiman demasiado. A todo esto, el problema es que yo dejo que me afecte; no, no es por librarles la culpa, pero en todo caso es mía y sólo mía. Hace poco descubrí lo que pensaba Sartre (¿hace poco? más de 4 años ya), y él decía que nosotros mismos somos los que elegimos qué hacer; aunque nos estén obligando somos nosotros quienes terminamos accediendo. Entonces, si sola y puramente nosotros decidimos sobre nuestras vidas, aunque durante toda mi existencia me analicen de manera despectiva, aceptarlo y dejar que me de miedo pasa por cuenta mía. Estancarme, pasa por cuenta mía; y ponerle un fin, también. Buenos días.

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