martes, 11 de junio de 2013

No sé qué será, pero hay algo muy dentro mío recordándome cuán inútil soy. (En esta entrada llamémoslo: inseguridad).
El miedo de combatir el constante titubeo en mí me atemoriza. En reiteradas ocasiones me han preguntado el por qué, pero en verdad lo desconozco. No es fácil entrar en mí misma y averiguarlo (de hecho, creo que tengo muchísimo más pánico a lo que pueda hallar allí que al famoso "¿qué puede llegar a pasar?"). 
En ya varias oportunidades me aferré al temor y me escabullí allí esperando que todo lentamente pasara, pero lo más sorprendente es que lo hice en los momentos más inoportunos; dejé escaparse de mis manos situaciones con las que prácticamente había soñado... Y todo por el miedo. El maldito y hostigador señor miedo. ¡Y la verdad es que no me enorgullece en lo absoluto! Es más, el simple hecho de imaginarme el "qué hubiese pasado si..." me daña más que cualquier insulto.
Desearía que al chasquear mis dedos toda mi inseguridad hubiese desaparecido. Desearía con todo mi ser poder controlarme. Desearía no estar estancada. Desearía probarme a mí misma que cada cosa que creo es verdad; que puedo lograr todo lo que me proponga (porque lo sé, lo siento muy dentro mío). Desearía no ser tan cagona, y de una vez por todas enfrentarme; sí, enfrentarme.

No hay comentarios:

Publicar un comentario