Esa mezcla perfecta de mi euforia y mi tristeza... Que me da el placer más satisfactorio que puede existir, así como también la desesperación más angustiosa de todas, que me va consumiendo lentamente.
Esa despreciable combinación destructora, sabe de qué forma liquidarme, y de ello se aprovecha, dejándome sin motivo alguno para repudiar ese círculo vicioso... Porque no puedo, porque me atrae y me deleita, y me prohíbo no ungirla.
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