domingo, 11 de noviembre de 2012

Zozobra.


Ese escalofrío que se va apoderando de mí. Esa ansiedad que recorre todo mi cuerpo, lentamente, erizándome la piel. Mis manos tiemblan, desesperan. Siento un vacío imposible de llenar, pero imposible simplemente porque no sé de qué manera llenarlo, no encuentro la forma de hacerlo. Cada cosa que me dicen me resulta absurda, tan patética..., y me duele, se me clava en lo más profundo de mí y me aterroriza. Sus miradas, ellos no comprenden mi desesperación. Internamente estoy herida, no tengo la más mínima idea de qué fue lo que me lastimó, pero deduzco que fue algo muy pequeño, que empezó a agravarse a medida que lo ignoraba. Poco a poco fui "dándome la espalda" fingiendo que era un sentimiento, uno muy mediocre... Pero no, no era un sentimiento nada más, era una verdad que ignoré. 
Esta depresión (si así puedo llamarla) tenía motivos (muchos), y yo simplemente los obvié, hice de cuenta que no existían y seguí sonriendo; pretendía que no existieran (me intenté convencer), pero ahora sé que fui una estúpida y que en verdad eran reales.
Esta ansiedad me esta desesperando, no encuentro forma alguna para que desaparezca... Pensé en expulsar todo de mí ¿será esa, acaso, la "cura"? No me animo a hacer tremenda estupidez, y acá estoy escribiendo, moviendo las manos, para calmarme. Pero no, no se calma nada, todo sigue igual. Quiero llorar y no me salen las lágrimas (con suerte alguna se me escapa, pero ya ni siquiera eso sucede); quiero gritar y siento estar muda, quiero correr, irme lejos, lejos, lejos, muy muy muy lejos; desaparecer de esta vida, de este cuerpo que no me deja expresarme de la manera en que lo necesito.
Nadie se da cuenta de que estoy destruyéndome, pero en algún cierto punto los entiendo, porque hasta esta tarde tampoco me daba cuenta yo misma. 

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