Desde que tengo memoria nunca me gustó cumplir años (sí, otra de las tantas cosas que me caracterizó como extraña). Por lo general cuando se es chico la llegada del cumpleaños alegra..., bueno, claramente no a todos por igual, a otros menos que más y en mi caso nunca sentí felicidad en lo absoluto. Tal vez la época no ayuda; no sé, tal vez si hubiera podido realizar una sola fiesta en la escuela, con una torta enorme para compartir y que todos me cantaran y que..., bueno, eso dentro de todo es un tema a parte, nunca podría haber cambiado la fecha en la que nací. Tampoco podría haber cambiado el simple hecho de tener que festejar todos mis cumpleaños con mi hermana, tres días atrasado (no le hecho la culpa a nadie, son sólo cosas que a veces las personas adultas creen que están bien, cuando en verdad no lo están). Sí, la única vez que de chica festejé mi cumpleaños con amigos fue a los ocho años, y en diciembre. Absurdo, ¿verdad?
Cuando compartía el cumpleaños con mi abuela, era lindo. Aunque siempre era una misma torta para las dos, y cada amiga o familiar que la llamaba para desearle felicidades me las terminaba deseando a mi también porque claramente mi abuela tenía una boca muy grande y les explicaba a cada uno y con demasiada paciencia que también ése era mí día. Me acuerdo que me molestaba mucho eso, y que para colmo se repetía todos los años. Pero llegó un momento en el que no se repitió más, y ahora lo extraño. Y Dios bien sabe que si fuera por mí volvería a ser esa chica de trece años, para así al menos compartir nuestro último 5 de enero (claro que sin saberlo).
Nunca me gustó mi cumpleaños, pero aún así siempre odie mucho más los malditos cuatro del primer mes del año. Esa angustia que se apodera de mí y ese odioso entusiasmo de saludarme pasadas las cero horas que se apodera de quienes me rodea y me obliga a sonreír y repetir sin cesar frases como "muchas gracias" o mucho peor aún tener que agregarles un "sí, la estoy pasando bien". No, en verdad no lo estoy haciendo. Todos mis cumpleaños son la misma farsa, pero nunca nadie lo entiende, y aún así siguen deseándome que ese "sea el mejor día", no, claro que no.
Más allá de todo eso, hoy me pasa algo particular y es que durante mucho tiempo repetí sin parar la frase "cuando tenga 18". Ya no falta nada para que teóricamente pueda hacer el sin fin de cosas que planee algún día hacer cuando cumpliera esta edad, y sin embargo no estoy feliz. Si fuera por mí pararía ahora todo. Sí, una hora y media antes de finalmente llegar a esa maldita edad tan esperada rebobinaría todo, y seguiría siendo esa chica extraña pero tan común por fuera, que jamás se inmutó por vivir la vida que ella quería.
Pero no, ya es hora de un cambio y presiento que éste es el momento indicado de realizarlo.
Pero no, ya es hora de un cambio y presiento que éste es el momento indicado de realizarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario