"Vuelvo al pasado, porque eso es lo único que siempre supe hacer. Aferrarme a lo que alguna vez, por desgracia, fue mío; aferrarme a mi verdad, aferrarme a eso que nunca me abandonará (lo único)".
A veces suelo volver a sentir esas heridas que jamás pude cerrar, abiertas de una forma inminente. Ellas me persiguen inclusive hasta el día de hoy, nunca me abandonaron, aunque eso hubiera querido fingir. Pero acá me encuentro, pretendiendo superarlas; por temor, por ser incapaz de vivir con ellas aunque perduren abiertas...
Tras una larga noche de volver a sentirlas más abiertas que nunca; luego de volver a sentirlas al lado mío, esperando que me debilite para seguir abriéndose cada vez más y más, fortaleciéndose de mi desesperación, acechándome; siento mi miedo más fuerte que nunca. Tal vez mis motivos para odiarlas no sean lo suficientemente consistentes como los de ellas, para considerarme tan frágil; para no dudar que lo soy. Me gustaría enterrarlas en mi pasado, y no volver a revivirlas jamás. Pero a pesar de que me persigan, yo soy la que no logra resistir a la tentación de llevarlas conmigo.
El miedo, el terror a mi pasado, el terror que me sigo generando a mí misma (yo, y sólo yo) nunca desaparecerán, son más fuertes.
Con ellas a mi lado me siento más débil que nunca, y se que lo soy. Mi juicio no me permite quebrar en estos momentos, pero mi cuerpo y sobre todo mi alma, ya no lo resisten. Debería ser capaz (una vez en mi vida) de superarlas, pero no, no no no..., no puedo. Recuerdo todo lo que sufrí, y no puedo lograr entender por qué siempre tuve que fingir ser fuerte, si al fin y al cabo eso fue lo que más me dañó. Solamente yo se los problemas de autoestima que tuve que afrontar sola, porque jamás tuve el coraje de gritarlo; sí, de gritarlo a los 4 vientos...
De que el mundo se enterará de que esa niña, estaba estancada, perdida. Estaba desesperanzada... Pero por desgracia ella jamás tuvo la suerte de sentir cosas que personas completamente desconocidas le transmitían, y de esa forma, comprender que debía luchar por ser alguien, porque nadie más lo haría por ella. Pero una joven, dañada e irreparable, a pesar de tener miedo lo comprendió; lo tomo como su guía, su certeza. Lo mantuvo en su estandarte de vida, a quien levanto en lo alto, para demostrar que ninguna lucha la haría decaer. Aún así, a pesar de estar cubierta de pies a cabeza por su armadura de acero, esa que la protegía de todos los daños posibles y evitaba inclusive transmitirle algún sentimiento, ella termino decayendo más de una vez. Pero claro está, que si bien sus heridas fueron mayores de lo que pensaban, tuvo el coraje de pasarse y salir a buscar..., a buscarse.
Aún esa joven sigue muy dañada (y este atardecer de domingo más que nunca), pero yo logré escuchar su bisbiseo; ese en el que pronunciaba que sería fuerte, hasta que su cuerpo y su alma ya no lo resistieran.
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