Por suerte había pasado tiempo de la última vez que te había visto. Sí, no voy a decir que "nos vimos" porque claramente la única que lo hizo fui yo (y ni siquiera logré hacerlo en esta ocasión)... Pero eras perfecto, te lo puedo asegurar yo, que nada me fascina. Claramente no eras vos, sólo tu recuerdo; pero al verte ahí parado, no pude evitar pensar en aquella vez, la penúltima que logre verte. Como de costumbre sólo te observaba, quién sería yo para vos. Pero me sorprendiste, porque fingiste reconocerme, y me hiciste sonreír. No importó nada más, todo sobró. De repente simplemente tenía ojos para vos, y comprendía que mi austero deseo de olvidarte/superarte era en vano. ¿Cómo lograr apartarte si me estabas dando el motivo perfecto para sonreír? Imposible.
Te volví a ver, me ignoraste (claro que sin intención, ya que como siempre yo era una cara más), y tuve que acercarme a vos, tocarte el brazo para al menos saludarte tal vez. Volteaste y me diste un beso... Y así murió toda nuestra historia (o bueno, la que yo me permití imaginar, e obligarte a participar).
Comprendí que es inútil dejarte en el olvido, porque cuando no te recuerdo, cuando creo que finalmente te superé, mi cabeza vuelve a exhibirte sin objeción alguna (más que la de mi rechazo). ¿Acaso querés ser parte de mi vida todos los días? Bienvenido seas... Total, ya no puedo hacer más nada, aunque me rehúse, parece que mi voto no tenga validez alguna. Dejo todo en manos del Destino, la suerte sabrá que hacer.
No hay comentarios:
Publicar un comentario