domingo, 29 de julio de 2012

Espanto.


Siempre fui una cobarde. Sí, detrás de esta chica fuerte, capaz de soportar tantas miserias, capaz de levantarse cuanta vez se tropezara con una piedra y terminara en el suelo, siempre se escondió mi cobardía. Lamentablemente, mi seriedad y poca necesidad de "abrirme" a la gente, se deben a mi miedo. Miedo a básicamente todo, al futuro, al pasado, a la maldad, a lo desconocido...
¿Temerle a lo desconocido no es raro, verdad? Es decir, que te produzca cierto pavor analizar la situación no siendo consciente de lo que ocurre en verdad no es extraño, ¿no? 
Tengo miedo, ma. Si tan sólo pudiera decírtelo. Si tan sólo pudiera correr a tus brazos, y llorar como una nena; si tan sólo pudieras consolarme... Abrazame, y decime que todo ya va a pasar, que no es nada grave. ¿Ma, cómo terminé siendo esto? Haceme compañía, la necesito. Me estoy escabuyendo en esta falacia positivista; Nada está bien. Se me esta yendo la vida al carajo, y vos no venís a salvarme. Me da pánico la simple idea de pensar en que destruí todo, me aterra seguir destruyéndolo. Basta, por favor salvame, te necesito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario