Te nombró casi por error. No era su intención hacerlo, fue sin querer... Aún así, te sostuvo entre sus palabras, por el simple hecho de saber que ya había "metido la pata"; ya tu recuerdo abarrotaba la habitación, mi cabeza, y mi memoria. Entre algunas palabras más, volviste a aparecer. Nuestra charla ya era pura y exclusivamente sobre vos..., evocandote, necesitandote.
Sigo maldiciendo ese poder de reaparición que tenes. Es increíble que nunca faltes cuando estoy herida.
La conversación fue eterna, como tu recuerdo.
La conversación fue eterna, como tu recuerdo.
Él intentó remendar el triste lance que provocó al revivirte accidentalmente, y concluyó todo lo ocurrido con una oración baladí, ya reconocida por todos, pero que aún así logra lastimarme cada vez que la recuerdo...
"Vos eras la favorita de papá".
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