Intento engañarme, pero me conozco demasiado como para creer en la mentira, aunque al menos creyendo ese absurdo e insulso disparate, podría descansar.
Te vi, sí. Sonreías, claramente a mí no, tampoco a ella; te sonreías a vos mismo. Eras tan perfecto. Aunque sabía que no podía hubiera corrido hasta vos, te hubiera abrazado, te hubiera dicho todo eso que sentía, te hubiera dicho que sos el amor de mi vida, y que mi vida sería perfecta con vos; te hubiera besado, te hubiera pedido que nos amaramos, que fuéramos uno mismo... No, no lo hice. Tal vez de por vida me arrepienta de no haberlo hecho, pero ¿Me habrías escuchado? ¿Me habrías dado el placer de sentir tu mirada sobre mí una vez en mi vida? No, no lo hubieras hecho. Con eso, tan sólo eso, habría sido tan feliz; tan ridícula.
Te escuché. Si supieras que muero con el sonido de tu vos, ¿Callarías de por vida? ¿O seguirías pronunciando esas palabras que se me clavan en el alma? Te juro que preferiría morir antes de callarte. ¿Me pronunciarías una frase de esas que vos sólo entendés? ¿Lo harías, lo harías por mí? ¿Serías capaz de amarme? ¿Y de dejar que te ame? Por favor, dejame; lo necesito. Te necesito a vos, nada más.
Y sigo escribiendo, esperando que algún día lo leas... Por favor, leeme.
Sos tan perfecto, que tengo miedo de odiarte.
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