sábado, 10 de diciembre de 2011

La verdad sobre mí, es que me gusta estar sola. Eso es lo más sincero que sé sobre mí, pero por desgracia, nadie lo entiende. No voy a mentir, la verdad que me encanta estar acompañada, sí, pero estar sola es distinto. Puedo ir a un recital con alguien, pero si estoy sola, si "me pierdo por casualidad" lo disfruto más. Cuando estoy sola, se que todo depende de mí, depende de lo que haga. Si no hago tal cosa, tal vez me arrepienta toda la vida. Cuando estoy sola, no dependo de nadie más que de mí (y todos sabemos que si estoy con alguien soy hasta incapaz de comprar algo, cualquier boludes); por eso mismo, estando sola es la única forma de conocerme a fondo. Estar sola me divierte y me deprime a la vez, es algo muy extraño. Cuando estas en un lugar sola y esta lleno de desconocidos tenes dos opciones, o quedarte mirando el celular y esperar a irte, o ir a hablarle a la gente. Normalmente haría la primera, pero la segunda me encanta. Cuando estoy sola, soy más cara dura, más extrovertida, más capaz. Porque se que todo depende de mí. Ahora bien, ese es el lado bueno, porque como todo, tambien tiene un lado malo. Y ese creo que sería el hecho de que siento tanto la soledad, es decir, me llega muy adentro, y me deprime hasta tal punto que me olvido de quién soy, de quién quiero ser. Sí, me deprimo y todo me parece estupido; tan patético.
Más allá de todas estas palabras que suenan tan lindo juntas, se me complica bastante para explicarlo bien. Pero se podría decir que estar sola es mi motor; ser yo, nadie más. Cueste lo que cueste.

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