domingo, 20 de mayo de 2012

Crónica de lo que no fue. Cuarta Parte.

No, no voy a rendirme a tus pies esta vez. No nuevamente. ¿O sí? Jamás tuve tanta incertidumbre. Se que correr hacia vos sería mi única salvación, pero si no me llegaras a esperar con los brazos abiertos (como deduzco que pasará), mi destrucción. ¿Y si en vez de eso elijo quedarme acá sentada, no correr? ¿Y si decido seguir perdiéndome un poco más? Total, mi suerte ya está echada
¿Que preferís que haga? ¿Qué me recomendás que elija? 
Nada, porque si voy hacia vos, si no llego, o si decido nunca ir, te va a resultar indiferente de todas formas. No me esperes, o mejor hacelo, para que puedas comprobar por vos mismo que estoy decidiendo yo no ir; no mi orgullo. Porque a mi orgullo no le importás, pero a mí mucho menos. Porque insisto, no correría hacia vos, me quedaría acá esperando a que vengas; esperando. Me quedaría acá, en este preciso lugar, soñando de qué forma te iría a buscar, y vos sí me esperarías, no sólo con tus brazos abiertos, si no con las sábanas de tu cama listas..., y las ganas de amarme, de que nos amemos loca e irremediablemente; para siempre, para toda la vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario