lunes, 7 de mayo de 2012

Crónica de lo que no fue. Segunda Parte.

¿Sabés a dónde podés irte con tus cumplidos? Agarralos y guardalos todos en el mismo lugar de donde salieron. No los llames más, alejalos de mí, ¿querés? Y si no querés de todos modos hacelo.
En estos momentos dudo de todas las palabras que te dije. Sí, de cada una de ellas, y de cada frase que formaron. No te importo, siempre lo supe; lo presentía. Me deje engañar por tu sonrisa, porque era perfecta ante mis ojos, porque era mi salvación... Tus brazos, ¡Ay, tus brazos! No, no son el motivo de mi libertad, ¡claro que no! 
De lo único que tengo certezas es de tus palabras. Jamás mencionaste una que no encajara con la realidad en la que estábamos viviendo. Cada cosa que dijiste, cada cumplido absurdo que me diste, cada mirada que me obsequiaste, fueron realmente sinceros; no tengo reclamo alguno... Es sólo que me permití soñar, magnificar todo. Hacer de una pequeña semilla (casi seca) un árbol enorme enorme..., claro que esa semilla ya se secó, y yo ya me había subido al árbol, para poder apreciar la vista con mayor nitidez, mayor libertad. Y ahora, ahora me tuve que bajar, poner los pies sobre la fría tierra de otoño y comprender que ninguno de aquellos sueños que me permití soñar, pueden hacerse realidad.
Chau flaco que en algún que otro sueño alcanzó a decirme que mi locura era su base, o tal  vez que tuviera cuidado con lo que deseaba, porque se podía hacer realidad (así como lo decía él, con sus mismas palabras). Chau a vos, que alguna vez me dijiste "linda", sin sospechar que esa palabra era motivo suficiente para no dejarme pegar un ojo en toda la noche, o para hacerme perder la concentración más de una vez; la cabeza.
No, no es que este enojada con vos, no es que seas un capricho, ni tampoco que yo sea una pendeja (bueno admito que sí)... 
Es sólo que hasta acá llegué con mis ilusiones y desilusiones de pendeja que no entiende nada de vivir... Chau flaco, chau.

No hay comentarios:

Publicar un comentario