Te recuerdo y la caja de cristal en la que te encerré se hace añicos. Dejame ir muy lejos de vos..., no me dejes hacerlo. Reteneme en tu cabeza, pensá en mí. No te olvides de que existo.
Probablemente ya no recordarás mi nombre (como si alguna vez lo hubieras hecho...); ni así como tampoco mi cara, mis besos, mi voz. Ya no me recordarás ni a mí, y ni a nada que se relacione por alguna extraña y desconocida razón conmigo...
Y yo vengo hoy, a perdirte que no me olvides; a suplicarte..., cuando jamás tuviste la decencia de recordarme.
Abandoname para siempre o aludime. Hace lo que quieras, es tu vida. Yo por mi parte planeo superarte, aunque esta convencida de que jamás podré hacerlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario