Hablemos de cómo te entrometiste en mis sueños anoche. Hablemos de qué cruel forma necesito tenerte. Hablemos de como ni siquiera me registrás. No, mejor no hablemos.
¿Por qué tenés que ser tan inalcanzable? ¿Por qué?
Recuerdo tu boca rozando mis labios, o al menos creo hacerlo. Recuerdo tus manos sobre mi cintura, ambos desparramados tan juntos sobre mi cama; vos encima mío y yo muriendo, sin poder respirar...
Te recuerdo en aquél viaje, a vos hablando con esas chicas y a mí tan patéticamente saludándote. Recuerdo perfectamente que me moría de la envidia, porque no podía acercarme a vos como ellas. Y bajamos del subte todos juntos: ellas, vos, y yo, siguiéndote..., Te me acercaste mientras caminaba con ella, me ofreciste algo, valla a saber uno qué cosa (tal vez la felicidad eterna) y cruelmente desperté...
No, no te recuerdo a vos, si no más bien a ese muchacho de siempre (el único capaz de crear y luego mantener viva esta obsesión); a ese muchacho con el que sueño incontables veces, y simplemente se mantiene con vida allí (y luego en mi cabeza cada vez que lo recuerdo).
No hay comentarios:
Publicar un comentario