Mi vida resultó ser un "safar constante". Rezaba, le pedía a alguna fuerza superior a mí que me ayudara. Al principio sólo era pedir que alguna profesora faltara, que no me tomaran una prueba, que mi vieja no se enterara de alguna mentirita piadosa..., pero ahora esto.
Aprendí a safar; en el momento me resultaba lo más eficaz. Sí, funcionaba de la siguiente forma: si tenía una prueba para la cual no había estudiado y por alguna casualidad no la tomaban y la postergaban, yo prometía estudiar para "la próxima vez" aunque tampoco lo hacía. Si mi vieja no se enteraba de mis mentiras, me prometía a mí misma no mentirle más, por las dudas de que en un futuro fallaran mis planes; no, tampoco cumplía con eso, y allí iba junto a otro engaño, lista para "safar".
Comencé a safar de todo, hasta el punto de que no me importaban las decisiones que tomaba; empecé a ser una ingenua, me convertí en toda una cínica. Sin darme cuenta de repente estaba "entre la espada y la pared" como quién dice (o más bien entre ser una estúpida y la posibilidad de destruirme la vida). Alguien me dijo "y bueno, pero tenes suerte" ¿de qué me sirve la suerte si me ciego? Me ofusqué hasta tal punto que siquiera mi propia salud (tanto mental como física y emocional) me importaron.
[Continuara...]
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