miércoles, 8 de agosto de 2012

No te encontré en el Centro, hoy. Segunda Parte.

Como todas las semanas, una tarde ya pactada emprendo el viaje hacia el Centro. Muchos podrán darme la razón y decir que es un ambiente tedioso. Zapatos que hacen ruidos sobre la vereda de aquí para allá. Gente que camina apurada y, si no seguís su ritmo, son capaces de pasarte por encima. Calles angostas, y las veredas mucho más... Florida, una de mis calles preferidas. Completamente llena de gente, y de algún que otro piropeador. Colectivos repletos de gente, demasiados taxis, humo, y hoy, botas de lluvias. No, no llovió, pero aún así esto no impidió que muchas mujeres reemplazaran sus ruidosos zapatos por estas botas, que en su mayoría eran coloridas. Paraguas cerrados por doquier, pero para mi suerte ninguno abierto. En fin, un gigantesco caos. Muchos tal vez puedan decir que odien el Centro, pero yo lo amo. No se qué tiene, pero me inspira una especie de comodidad. Tampoco se por qué me resulta tan mágico, si al fin y al cabo es una ciudad más... 
Como sea, obviá todo este resumen de lo fantástico que me resulta caminar una y otra vez por esas angostas veredas; porque lo importante es que todas las semanas voy con el mismo objetivo: encontrarte. Si no mal recuerdo, esta es la quinta semana que te busco en todas las miradas de aquellos individuos con los que me tropiezo  pero aún así no te logro hallar. Hoy me pareció reconocerte en una cara bastante familiar, pero me dio pudor, porque estaba completamente segura de que no serías vos y por ende, no volteé a reconocer a ese muchacho; simplemente seguí mi rumbo ¿acaso hice mal?

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