Debería empezar esta entrada diciendo que el tiempo pasa, y cada vez lo hace más rápida y violentamente. Pero, ¿qué son cuatro años? Para muchos la nada absoluta, y tal vez lo sean. Pero cuatro años intentando vivir con tu ausencia, dejame decirte que son una eternidad. Son crueles, y dañan; desgarran el alma, la esperanza. ¿Qué saben ellos? Nada, si jamás tuvieron que aprender a vivir con tu sonrisa, con tus abrazos; con esa sensación de saber que en algún lado del mundo, aunque estuviéramos a millones de kilómetros de distancia, vos estabas pensando en mí, en nosotros; en ella. ¿Sabes qué sentía yo? Que estábamos protegidos. Que contábamos con tu amparo, que no había mal que pudiera dañarnos (un poco más), porque vos nos curabas todas las heridas. Porque cada "hola", cada beso, cada abrazo, cada comida que nos preparabas con amor, cada noche que nos preparabas el colchón y las frazadas (aunque fuera verano); cada vez que llamabas a casa y decíamos "Ma es la abuela", cada cumpleaños que festejábamos juntas, nos llenaba el alma. Porque sabíamos que estabas para nosotros, como nosotros para vos. Y tal vez debería hablar por mí misma, pero estoy segura de que en el fondo todos sentíamos lo mismo. Porque vemos una foto en la que estas, y sonreímos. Y todos sabemos que merecías la felicidad del mundo entero, porque eras la mejor persona que conocí en toda mi vida (¿por qué digo eras, si lo seguís siendo? Porque nadie podría superarte, porque eras buena, de alma. Eras pura, casi no tenías defecto alguno. Eras todo abu). Y cuando te fuiste, se que lo hiciste porque te sentías complacida. Nos viste a todos tan felices, que sentiste que ya no necesitabas seguir luchando, que todo estaba bien, y por eso decidiste que el Destino terminara de formar su camino... Pero abu, no sabes la falta que me hiciste. Que lindo hubiera sido compartir tantas locuras con vos (aunque no las hubieras comprendido); las peleas con mamá, la felicidad de estos últimos meses, muchos cumpleaños más. Desearía que el siete de agosto fuera un insulso día más, de todos los del montón. Pero no, ahora es especial, y triste.
¿Sabes que pasaron cuatro años abu y todavía no logro perdonarme por lo de aquella tarde? Se que me dirías que todo esta bien, que no necesito perdonarme de nada, pero mi cabeza no me deja en paz. Se que lo sabías, porque no tengo duda alguna de eso, pero no logro perdonarme por haberte dicho un simple "te quiero". ¿Te quiero? ¿Cómo pude decirte eso? Yo te amaba, te amo. Y te juro que si tan sólo lo hubiera dicho en ese momento, estaría feliz de saber que me escuchaste decirlo. Me importa demasiado poco lo que muchos piensen. Lo que para muchos signifique un siete de agosto, o un cinco de enero, o una tarde de invierno, fría y dañina. No me importa nada más que saber que compartí llantos, charlas (como la de aquella tarde, en la que me dijiste que era como vos ¿cómo podrías hacer semejante comparación? no soy digna de ella, ni de vos); extraño tus abrazos, extraño que ablandaras a mamá cada vez que nosotros nos mandábamos una cagada, extraño que me retaras, extraño tu sonrisa, y tu forma de seguir adelante siempre. Extraño saber que en algún lado del mundo, aunque estemos a millones de kilómetros de distancia, hay alguien pensando en mí, en nosotros, en ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario